Televisión, ¿pública o cultural?

Quizás para nuestros días pasa desapercibido… ¿Qué diferencia puede darse entre una y otra?.  Para muchos de los televidentes actuales sólo reconocen la televisión comercial porque sí, en su vida se han percatado que existe otro esquema de Televisión y lo que es más que esta acompañada de una responsabilidad que se le imputa al Estado.

Hagamos memoria entonces para los más jóvenes, nuestro país para la década de los   fue el único en adoptar un sistema de televisión mixto, es decir, esquema de televisión privada y esquema de televisión pública, gracias a que un presidente democráticamente y para no pelear con nadie, lo decidio. Miguel Alemán Valdéz, en el interés de modernizar nuestro país se fija como objetivo traer la televisión a nuestro país cuando en el vecino país del Norte y en Europa la televisión era el invento que revolucionaba la comunicaciones.

¿Pero cuál sistema adoptar? Estados Unidos se revolucionaba con el esquema de televisión comercial y crecia en la industria, mientras tanto en Europa el bloque prefirio un esquema de televisión pero sin perder el control, dejando los contenidos y la programación en manos del Gobierno y a esta se le considero Pública.

De manera inteligente Don Miguel Aleman Valdéz en 1947, organizó con el músico Carlos Chávez, entonces director el INBA, dos comisiones integradas las dos por notables de la materia encabezados por un lado por el intelectual Salvador Novo y por el otro por el reconocido Ingeniero Guillermo Gonzalez Camarena, a ambos grupos se les instruyó sobre la manera que debía de estudiar a los dos esquemas del nuevo medio de comunicación.

El técnico se avocó a la integración de sus documentos basados en el desarrollo del que gozaban los Norteamericanos y los esquemas de financiamiento para el desarrollo de su industria, como era de esperarse el intelectual prefierió el viejo contiente y se lanzo al estudio de la televisión para el pueblo y con el pueblo.

Ambos con el resultado de sus estudios, presentaron al primer mandatario sendos escritos que referían de sus viajes por tierras lejanas en busca del nuevo invento.

La televisión comercial representaba el cambio, la innovación, el desarrollo económico pero en los escritos también se refería el poco control del Estado sobre los temas más importantes que se discutían en la Nación Norteamericana.

Por otra parte el análisis de la televisión europea dejaba claro entre otras cosas la férrea posición del Estado sobre temas cruciales y un alto contenido cultural para el pueblo.

Ni uno ni otro, afirmo el presidente Aleman, en aires democráticos la Nación Mexicana debía tener una parte de ambas y crecer a la par para incentivar la iniciativa  privada y no perder del control del medio.

Así nace la incipiente televisión privada y la televisión pública, la tarea ahora era ¿cómo dar el primer paso?

Estando en fortaleza Guillermo González Camarena solicita desarrollar  algunos apuntes que había tomado en su gira por los Estados Unidos y con dinero del estado inicia sus pruebas y experimentos que más tarde darían al mundo entero, la televisión a colores. Guillermo Gonzalez Camarena sería uno de los primeros dueños de una concesión de televisión privada en el país.
Don Salvador Novo, a diferencia de González Camarena, prefiere sumirse en sus trabajos lejos de la posibilidad de desarrollar su encomienda y deja en manos del Gobierno el desarrollo del proyecto. Hasta aquí los apuntes históricos que datan muchos años atrás de los 40 y que fijaron el rumbo a seguir en las siguientes décadas.

Para ambos casos la televisión en México nació con un estigma, el político, los primeros esfuerzos de comunicación por este medio fueron financiados por el gobierno y en beneficio del extinto Partido Nacional Revolucionario (PNR), abuelito del PRI.

A partir de ese entonces, la televisión pública fue llevada y traída en un sube y baja constante que acabo por deteriorar su imagen ante los Mexicanos. Su política, la política que la envolvió, terminó por degradarla a sistema estatales, que en uso de sus potenciales la mayoría de ellas, estan destinadas a ser la televisión de los Gobernadores y en algunos casos a desaparecer en función del crecimiento de la empresas privadas de comunicación y el alto costo económico que representa para el erario público.

Nadie logró entender la gran fortaleza que puede representar el uso de la  oficialidad, si así podemos llamarle, del control del Estado sobre el medio, que hoy pulsa un cáncer irreversible hacia el olvido.

¿Usted se acuerda de la Television Rural de México (TRM)?, ¿Recuerda usted que el payasito de la televisión que hoy nos dice lo mal que estamos en el país y se burla de la instituciones, comenzó su historia en un espacio como éste?, ¿Recuerda usted “Los cuentos de Chocolate”?.
Difícil tarea enfrentan ahora estos sistemas, pioneros la mayoría de ellos, forjadores de profesionales de la comunicación que hoy sostienen con alfileres ser contemplados en el presupuesto, justificando su fortaleza en la Cultura.

Una corriente cultural también subyugada a la corriente política del momento y que fue entregada en concesión a los intelectuales durante el período de Carlos Salinas de Gortari con la creación del Canal 22, en Junio de 1993.

Y ahí empezo el dilema, ¿Pública o Cultural?; Canal 22 nace bajo el auspicio del Gobierno Mexicano y el Consejo Nacional para la Cultura y la Artes (CONACULTA), su esquema de nacimiento: televisión pública de carácter cultural. ¿Se podía realmente hacer esta simbiósis de mezclar lo público con lo cultural?.

Para 1993, la mayoría de la estaciones de televisión estatales, algunas como en el caso de Quintana Roo, Yucatán, Sonora, Baja California, entre otras cumplia ya sus primeros 15 o 20 años de estar al aire.

Sobreviviendo al embate de las grandes cadenas nacionales urgaban en sus contenidos de programación entretenimiento, información y algo de cultura, la que tenían a la mano. Estos sistemas estatales habían sobrevivido y veían en el nacimiento de esta nueva televisión un enorme potencial de agenciarse programación a un bajo costo, aunque fuera estrictamente cultural.
La disposición de crecimiento de la nueva estación permitía a los sistemas estatal en un convenio encubierto hacer uso de la programación de canal 22 y alternar ahora si entre lo público y lo cultural.

Lo público por un lado tratando de conservar programación de representación popular, información gubernamental y partidista además de unas salpicadas de cultura local.

Lo cultural con esta gran alianza que en un primer momento le convenia realizar a los directivos de canal 22 en un afán de expansión y reconocimiento público.

Pero todo lo barato sale a la larga más caro, canal 22 no se limitó a la cultura nacional, extendió sus posibilidades a tener en su barra programática contenidos llegados de otros países que en un principio fueron ofrecidos por las embajadas con representanción en nuestro país, España la primera de ellas.

Por varios años y aún cuando las embajadas agotaron sus posibilidades de otorgar producciones nacionales, canal 22 en coordinacion con CONACULTA inició la compra de series, documentales, películas y operas completas de produccíon externa y pagadas en dólares.

Pero tanto va el cántaro al agua hasta que el auspicio gubernamental cerro la llave para la compra de estos materiales, el cambio gubernametal, los problemas sociales y económicos que se cernían sobre nuestro país obligaron a ser más moderados a los intelectuales directivos de este canal.
Los sistemas estatales que ya se habían acostumbrado a “jalar la señal”, así se dice en el argot televisivo, empezaron a sentir cierta frialdad en el trato con este canal y algunos contenidos empezaron a ser restringidos para su retransmisión en la república mexicana.

Para estos sistemas quedaba una segunda opción, firmar convenios con las universidades como la UNAM y su sistema de televisión TVUNAM, con una amplia videoteca practicamente en desuso y el Pollitécnico Nacional con su canal 11, que si tenían presupuesto para hacer estas compras y gozaban del pleno convenio con canal 22.

Los sistemas estatales redireccionaron sus baterías y ahora signar convenios con estos sistemas era la jugada.

Mientras esto sucedía la situación del país cada vez más difícil y el vuelco de timón en la política social mexicana con los asesinatos políticos obligaban a los gobiernos estatales a ser más prudentes en su gasto social. Sus esquemas de comunicación fueron los que más sufrieron al tener otras prioridades antes que sostener sistemas que por ley, al ser sólo permisionarios, no les permitía comercializar sus espacios en sus estaciones de televisión.

El primer foco de advertencia fue el cierre del primer sistema de televisión estatal en Tlaxcala dejando solo al personal de transmisión y subastando instalaciones, cesando personal y distribuyendo equipos en dependencias estatales que harían uso de ellas para la producción de promocionales y documentales de gobierno.

Este foco de advertencias se sumó a la venta, después de multiples problemas financieros de la red pública nacional de televisón operada por el Instituto Mexicano de la Televisión (IMEVISION), que operaba los canales 13 y 7 en todo el territorio nacional, poniendo en subasta a la iniciativa privada la continuidad de estos canales. Esa es otra historia.

Con estas advertencias los sistemas estatales de televisión y radio en todo el territorio nacional se urgieron a cerrar filas y pensar en un organismo que pudiera en primera instancia defender su posición ante los gobiernos estatales y evitar así un cierre masivo de estaciones en todo el país.
Pública y cultural, cultural o pública, los sistemas tuvieron que echar a volar su ingenio para subsistir cada año y llevar a los congresos, argumentos válidos de permanencia en el presupuesto estatal y seguir operando con carencias tecnológicas, de identidad y criterio.

En la próxima entrega… ¿Cómo se agruparon estos sistemas para evitar sus cierres?, ¿Cuál fue el método para hacerse de dinero sin tener que comercializar?… El nacimiento de la televisión restringida y su crecimiento.



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