Campeche, Cam;
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Editorial EnLínea Pareciera que los procesos electorales están sacando lo peor de nosotros como colectivo político y social. Con la experiencia de a terrible polarización que nos quedó como secuela del cuestionado proceso electoral del 2006, sumado a la mayoritaria desconfianza de la población sobre los órganos electorales y la explícita incredulidad para el respeto al voto, es imperativo entender el que hay demasiadas cosas que estamos haciendo mal. No podría haber explicación válida sin el reconocimiento de esta realidad. Las cosas, tal y como han sido hasta ahora, simplemente resultan inoperantes para las condiciones actuales el país, tanto sociales como económicas y políticas. Basta prestar atención a las formas en que se están desarrollando las elecciones, con sus espots tipo promoción de detergentes, sus guerras “sucias” y el vital aunque papel de los medios masivos de comunicación como los grandes promotores electorales. No en balde hay quienes han señalado, creo que con mucho tino, que la ansiada Democracia en México ha degenerado en una vulgar Mediocracia. México está enfermo de falta de credibilidad, simplemente no creemos en las instituciones. Sin embargo, la clase política parece no entenderlo o aceptarlo. Y prefieren decirnos que son lo máximo, y el país continúa sumiéndose en una inacabable crisis económica, política, y todo en el medio de una gran ola de violencia. Enfermos de miedo, sumidos en una de las grandes polarizaciones políticas y sociales en nuestros 199 años de vida como Nación. Y en los momentos de problemas, se aplicará -inevitablemente-- una máxima que dice: “¿Están mal las cosas? Entonces, sin duda alguna, empeorarán. |
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